Día del vodka: la historia detrás de un trago que parece simple, pero no lo es
Cada 4 de octubre se celebra el Día del Vodka, y aunque suena a una fecha inventada por alguna marca, la historia detrás del trago es mucho más vieja e interesante de lo que parece.
Aquí te contamos de dónde viene, quién lo inventó primero y por qué sigue siendo protagonista en cualquier barra.
El origen del día del vodka, entre Polonia y Rusia
Empecemos por lo básico: nadie sabe con certeza quién inventó el vodka primero. Polonia y Rusia llevan siglos peleando ese título, y la verdad es que ninguno tiene pruebas contundentes.
El primer registro escrito de la palabra aparece en un documento polaco de 1405, mientras que los rusos aseguran que ya destilaban algo parecido desde el siglo IX.
Por lo tanto, más que resolver el pleito, el Día del Vodka termina celebrando a ambos países por igual.
La palabra que le dio nombre al trago
El nombre “vodka” viene del eslavo “voda”, que significa agua, y “vodka” sería algo así como “agüita” o “agua pequeña”. El apodo no es casualidad: en sus inicios, el trago se usaba como remedio para el frío y otras dolencias, no como algo para disfrutar en una copa.
De hecho, hacia el siglo XV, en Rusia ya existían monopolios estatales sobre su producción, impulsados por el zar Iván III, quien entendió rápido el negocio que tenía entre manos.
De remedio medicinal a estrella de la coctelería

Con el paso de los siglos, el vodka dejó de ser solo medicina y empezó a colarse en los banquetes imperiales rusos, donde se servía junto con el pan al inicio de las comidas.
En el siglo XVII, el zar Alexei incluso autorizó a la nobleza rusa a producir su propio vodka de forma privada, lo cual ayudó a que el trago se volviera parte de la identidad del país.
Curiosamente, fue Napoleón quien lo llevó a Europa Occidental, después de conocerlo durante su campaña militar en Rusia en 1812.
El vodka que cruzó el océano: la historia de Smirnoff
Ahora bien, aquí viene la anécdota. En 1864, Pyotr Smirnov abrió una destilería en Moscú y creó un vodka tan suave que se volvió favorito de la corte del zar.
Tras la revolución rusa de 1917, su hijo Vladimir huyó del país y terminó en París, donde cambió la ortografía del apellido a “Smirnoff” para sonar más occidental.
Vladimir vendió los derechos para Norteamérica a Rudolph Kunett, un empresario ruso-americano, y este a su vez se los vendió en 1939 a John G. Martin, presidente de la empresa Heublein.
Martin fue quien realmente disparó las ventas, primero vendiendo el vodka como “white whiskey” y después creando, junto con el dueño de un bar en Los Ángeles, el ahora famoso Moscow Mule.
Así fue como un trago ruso terminó siendo, décadas después, el más vendido en territorio estadounidense.
El vodka en la actualidad
Actualmente, el vodka sigue siendo de los destilados más pedidos alrededor del mundo, en parte por algo que pocos destilados logran: mezclarse con casi cualquier cosa sin robarle protagonismo al resto de los ingredientes.
Esa cualidad lo volvió base de clásicos que ya todos conocemos, pero también terreno fértil para creaciones nuevas en barras de todo el planeta, incluidas las mexicanas.
Además, su versatilidad explica por qué sigue siendo de los pocos destilados que conecta tanto con quien busca algo clásico como con quien quiere experimentar.
Al final, el Día del Vodka celebra algo más que una botella transparente. Detrás hay un pleito de siglos entre dos países, una palabra que significa “agüita”, un zar que entendió el negocio antes que nadie, y un inmigrante que convirtió una receta rusa en un fenómeno mundial.
Así que la próxima vez que sirvas un vodka, ya sabes que tienes en la mano bastante más historia de la que aparenta.
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